DÍA DE LA AFROVENEZOLANIDAD

El 10 de mayo de 2005 la Asamblea Nacional de Venezuela aprobó el Decreto del Día de la Afrovenezolanidad. En esta fecha se conmemoraban 210 años de la insurrección de José Leonardo Chirino; heroico descendiente de esclavizados que se levantó en contra de la opresión española y concibió una propuesta de república inspirado por la Revolución Haitiana.


Este detalle es de singular interés, toda vez que, por alguna razón, se ha promovido la falsa especie según la cual los registros históricos oficiales no valoran a la asonada en su justa dimensión; despojándola de su profundo carácter político-estratégico. Tal afirmación no resiste el menor análisis, en virtud del público y notorio reconocimiento de la intentona como un movimiento pre-independentista por un sinnúmero de autores venezolanos y la publicación del contenido del programa revolucionario de Chirino a través de diversas fuentes que dan cuenta de figuras contenidas en dicha propuesta como: el establecimiento de “la Ley de los Franceses” (la República), la eliminación de la esclavitud e igualdad de las clases sociales; la supresión de los privilegios, la derogación de los impuestos de alcabala e incluso el detalle de la bandera morada que se suponía identificase a la nueva república; origen del uso de este color como el propio de la Causa Afrovenezolana hoy en día.


La categorización de este alzamiento como el primer movimiento pre-independentista es perfectamente justa y rara al mismo tiempo. Justa porque, efectivamente, reconoce la intención política implícita, como ya se ha mencionado, y rara porque la historiografía oficial suele invisibilizar cualquier rasgo de heroísmo protagonizado por afrodescendientes, con lo cual observamos una excepción digna de ser estudiada y razonada. Ese carácter heroico y rebelde constituye uno de los rasgos más característicos de la herencia africana.


La resistencia a la opresión está, por antonomasia, asociada a los pueblos afrodiaspóricos. No en vano la primera comunidad independiente del Nuevo Mundo fue el famoso Quilombo de Palmares, en Brasil (1580-1710) espacio compuesto por varias aldeas de esclavos fugitivos y hombres y mujeres nacidos libres que prosperó hasta el siglo XVIII y que, indudablemente, constituyó un excepcional referente para el pensamiento libertario en todo el continente.


En el caso venezolano, el liderazgo de Chirino inevitablemente asociado con el de Zumbi Dos Palmares (fundador del Quilombo), marcó el sendero por el cual habrían de transitar los mantuanos de la causa patriota, cuyas motivaciones para la ruptura con el coloniaje naturalmente fueron menos nobles, pero que supieron nutrirse de los precedentes afrodescendientes regionales y locales en lo doctrinario y lograr así la anhelada independencia de España.


No pasaría mucho tiempo antes de engavetar el discurso de la igualdad con el cual llegaron al poder, para dar paso a la reproducción del mismo esquema supremacista y racista de la metrópoli con tan sólo una sutil diferencia: ya no se rendirían cuentas al Rey. En todo lo demás, mutatis mutandi, la nueva república sería por y para los blancos a pesar del decisivo aporte afro en el frente de batalla.


Sería apenas en el siglo XXI cuando, desde lo simbólico, tales aportes serían valorados. No hay mezquindad alguna en este servidor para reconocer la inclusión del tema afrodescendiente en la agenda pública por parte del fallecido Presidente Hugo Chávez quién, probablemente con buena intención, pero bajo una óptica equivocada presentó el delicado asunto como una conquista de la Revolución Bolivariana, alienando así a la mitad de la población que le adversaba y limitando el alcance de lo que debió asumirse, a todas luces, como un tema universal de derechos humanos en lugar de una iniciativa partidista.


Desde el año 2002 cuando el Ejecutivo Nacional, por primera vez, abordó el tema a un alto nivel la percepción en el imaginario colectivo ha sido: “la agenda afrodescendiente es un invento chavista para polarizar a la sociedad”. Dieciséis años después esta imagen persiste, a pesar de iniciativas institucionales que no dudamos en aplaudir como: la creación del Consejo Nacional para el Desarrollo de las Comunidades Afrodescendientes de Venezuela (CONADECAFRO), la promulgación de la Ley Orgánica Contra la Discriminación Racial (LOCDRA) y su consecuente Instituto Nacional Contra la Discriminación Racial (INCODIR) todas en el año 2012.


El pasado 25 de marzo de 2018 el presidente de Venezuela Nicolás Maduro firmó el decreto que oficializa el inicio del Decenio Internacional Afrodescendiente de la ONU. La medida que, en otro momento histórico, habría supuesto un loable esfuerzo en materia de derechos humanos, choca de frente con la realidad de un país cuyo gobierno exhibe el mismo respeto por las libertades fundamentales que Irán, China y Cuba.


Tristemente, más allá de utilizar la agenda afrodescendiente como un circunstancial medio para la promoción de su candidatura presidencial, Maduro cimentó la politización de este importante tema para el país, alimentando la suspicacia y alienación de gran parte de la población que, tal como a Chávez en su momento, le adversa rotundamente. En un rimbombante evento, en la Casa Amarilla, junto a figuras internacionales nominalmente comprometidas con la defensa de los derechos humanos pero, en la práctica, mucho más leales a las prerrogativas que les ofrece Chavismo en el poder, nuevamente se contextualizó la Causa Afrodescendiente como un producto de la Revolución Bolivariana, con lamentables juramentos de lealtad al gobierno por parte de activistas nacionales que contribuyeron a deslegitimar, por enésima vez, esta importante lucha ante los ojos de la sociedad venezolana.

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